REGRESANDO AL YOGA

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JUANAR CASTAÑAR, un álbum en Flickr.

Hay un lugar, tal vez aun no descubierto para unxs, diaramente frecuentado para otrxs, en el que la quietud se funde irremediablemente con nosotros.

Nuestra conciencia se expande, nuestros ojos se inundan del lugar, nuestros pulmones se disuelven y el oxigeno entra por cada centímetro de nuestra piel.

La mente se hace inmensa. El concepto de tiempo desaparece absolutamente. El sol, la luz, los colores, la luminosidad son expresiones de ciclos vivos que se desvinculan de la temporalidad… ocurren igual que el vuelo de una abeja ante nuestros ojos. El ciclo de la vida se desarrolla en un momento estático, perenne, eterno, sin fin, frente a nuestra consciencia ampliada, sensitiva, viva.

Para mí ese lugar lo he encontrado en estos bosques. Puede que también esté en otros y tenga que ir a buscarlos… Tal vez lo vuelva a encontrar en un lugar que no esperaba. Pero he tenido la suerte de reaccionar, de tener mi sensibilidad alerta.

Cada vez me gusta menos llamar al Yoga, Yoga. No puede darse nombre a tanta amplitud, a tanta conexión.

Cada momento del día en el que unificas tu mente racional, y sus sistemas, con tu sensaciones más intuitivas, más sensoriales, por ilógicas e innecesarias que te parezcan, y consigas un momento sin tiempo, un momento que te parezca poder mantener en la eternidad sin esfuerzo y con un extraño gran gozo, estarás practicando Yoga.

Toda tu vida puede ser un constante ejercicio de Yoga, por eso creo que darle un nombre, incluirlo dentro de una calificación como disciplina, ejercicio, etc, no me parece posible… es como querer explicar la vida con una frase.

Os invito a acompañarnos una vez más en la práctica de nuestras asanas, de nuestra pequeña meditación, para que cuando llegue ese momento de enlace con lo Eterno, podais sentirlo, cuando paseis por ese lugar en el que eso es posible, podais distinguirlo y vuestra consciencia esté alerta y seais sensibles para poder volver a visitarlo.

Un fuerte abrazo.

Susana.

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